Observatoire économique: "Análisis crítico de los Acuerdos de Basilea": La Solución

LA SOLUCION:

Análisis crítico de los acuerdos de Basilea II y III
Los acuerdos de Basilea III (Baal III),
¿son verdaderamente la solución a esta crisis o un acelerador de la misma?
 
. . . . . . . .
 
1.- Análisis del problema del crédito  y de las disponibilidades líquidas.
2.- Argumentos a favor de la desaparición del ratio Cooke.
3.- La solución
 
El G20 se ha reunido ya varias veces con el fin de validar las posiciones de los Bancos Centrales de los países de la zona euro, y por lo que sabemos, sin mucho éxito, en todo caso, dichas reuniones, cuyo objetivo principal era frenar una nueva crisis financiera, se han saldado con múltiples nuevas crisis, en un movimiento de tensión creciente cuyo paroxismo hemos podido sufrir durante el verano 2011, con lo que todos conocen hoy como la “crisis griega”. No obstante, un año más tarde, en el verano de 2012, hemos pasado a un grado superior  y hemos entrado de lleno en dos crisis que se retroalimentan: la crisis de los intereses de la Deuda y la crisis de la banca española, cuyos elementos clave : Intereses de deuda y problema bancario, después de haber hecho zozobrar a Italia, acabaron - en marzo de 2013 -  poniendo la puntilla a Chipre. El verano de este año 2013, aún nos depara sorpresas.
Si los Acuerdos de Basilea no funcionan, son insuficientes o son contraproducentes, ¿qué medidas deberían ser adoptadas para impedir una nueva crisis financiera ?.
Es necesario y urgente que nuestros gobiernos se coordinen para tomar una decisión estratégica,  aunque una reflexión estratégica lleve tiempo y exija una óptica con varias perspectivas. No  obstante, como creo que cada uno debe aportar su granito de arena a esta reflexión, avanzo mi  análisis, síntesis de múltiples conversaciones entre amigos y profesionales, análisis evidentemente subjetivo, sobre un factor técnico como son los acuerdos de Basilea y que no obstante forman parte – entre otros factores - de las causas de esta crisis financiera, por lo cual, creo que su comprensión podría conducirnos a la elaboración de una posible solución.
 
1.- Análisis del problema del crédito  y de las disponibilidades líquidas.
 
Opiniones de otros actores económicos, no financieros.
 
En un artículo publicado en la revista Chalenges, escrito por Bruno Vanryb, Presidente de Avanquest Software, éste señalaba con bastante claridad los parámetros que se encuentran en la génesis de la crisis actual de créditos  y desarrollaba las consecuencias que dicha crisis pudiera tener sobre el  tejido industrial.  Su pensamiento me parece claro, descriptivo y oportuno:
"La crisis del crédito, en un principio, crisis de liquidez, se ha convertido en el momento presente en una crisis de confianza, en la cual ni banqueros ni empresarios se otorgan ningún crédito,  en el sentido más amplio de la palabra. Ahora bien, contrariamente a una idea que cada vez se extiende más, la solución no debiera venir de una puesta bajo control férreo de los bancos. Pues si bien es cierto que la presencia del Estado en los Consejos de Administración permitiría decidir a alto nivel el importe del paquete de créditos afectados a las PYMES, sin embargo, este procedimiento no garantizaría un impacto directo de dichas medidas sobre las empresa concernidas, puesto que los "comités de crédito" mantienen su independencia en el tratamiento cotidiano de los expedientes, con el fin de seleccionar a los buenos candidatos, es decir a aquellos que no tienen verdaderamente necesidad de dinero.
Por lo tanto, si la solución tuviera que venir de una intervención del Estado, ésta, solo podría llevarse a cabo de manera indirecta; por ejemplo, creando un fondo de garantía para los préstamos a las PYMES, genérico, no diferenciado, liberando así a los bancos de la tutela de los Comités de Crédito y de los Ratios de Solvencia (Ratio Cooke-Basilea II& III), transfiriendo de manera temporal el riesgo de impagos hacia esa garantía pública.
¿Se trata de una costosa locura? Por 100 millardos de nuevos préstamos otorgados, el coste máximo imaginable en caso de impagos masivos y generalizados sería de unos 20 millardos, repartidos en 5 años, lo que no es comparable con las decenas de millardos entregados a pérdida para dudosos planes de relance en los que nadie cree. Con los créditos, al menos el dinero sería invertido allí donde se necesita, en las PYMES, creadoras de riqueza y de empleo.
¿Se trata de un delirio utópico?  En absoluto, se trata sobre todo de una idea puesta en marcha hace ya más de 2 años por nuestros vecinos del norte. En efecto, Alemania ha creado un Fondo de  Garantía de 115 millardos afectados a la garantía de préstamos a las empresas, e incluso estudia la posibilidad de prestar directamente a los bancos, jugando el rol de seguro de crédito......."
[Alemania es el único país de la Zona Euro que podría pretender, actualmente, a previsiones de crecimiento superiores a 2,5%. De todas maneras muy lejos del crecimiento medio de los países latinoamericanos]
Cuando acabé de leer estos párrafos, recordé algunas de las discusiones más en boga estos dos últimos años, pues los Bancos Centrales europeos no llegan a ponerse de acuerdo sobre las modificaciones que se quieren introducir en Basilea (exigencias de porcentaje de fondos propios de los bancos y ponderación de diversas operaciones de crédito en dichos fondos propios), con el fin de exigir a los bancos un incremento de las garantías, iaumentando para ello los coeficientes de caja y los ratios de solvencia, liquidez y fondos propios. Ahora bien, en estos momentos difíciles, de falta de liquidez general del sistema, de acuciantes necesidades de tesorería de las PYMES, que como bien dice Vanryb son las generadoras de riqueza y de empleo, el hecho de incrementar las dificultades de los bancos impidiéndoles así que cumplan su función principal, es una verdadera y costosa locura.
La próxima reunión del G20, la amenaza constante que planea sobre la Zona Euro y la creciente dificultad de las PYMES para acceder al crédito, debería incitarnos a llevar a cabo una reflexión sobre la conveniencia de las proposiciones de Basilea III y muy probablemente sobre la necesidad de hacer desaparecer – o poner en cuarentena - lo que se conoce o conocía  como “ratio Cooke”,
 
2.- Argumentos a favor de la desaparición del ratio Cooke :
 
Contexto de crisis
 
Algunos afirman que estamos viviendo  una depresión como la de 1929, otros más místicos murmuran el impacto de un cambio de era, pero sus opiniones se ahogan en una multitud de despropósitos, digamos pues que si hay algún consenso, éste se organiza en torno a la palabra “crisis”.
La economía social de mercado, que marca las pautas de nuestra acción cotidiana y de nuestro futuro, se ha construido sobre múltiples crisis, cuyas soluciones – basadas en un buen diagnóstico – nos han dado largos años de prosperidad.
En consecuencia, hay que analizar seriamente lo que está pasando para tomar las medidas adecuadas, pues no podremos encontrar el buen remedio mientras no descubramos el motivo que genera el problema y engendra múltiples consecuencias, a veces graves, que las democracias  occidentales están obligadas a paliar a corto plazo, lo que les quita tiempo para diagnosticar certeramente qué está pasando y por qué.
Desde hace algunos meses, tanto los Institutos de análisis internacionales, como la prensa  especializada en economía y sociedad, coinciden, en la míriada de artículos publicados sobre la crisis, en dos cosas:
 
  • 1/ Nos encontramos ante una importante ausencia de liquidez y de crédito que las entidades financieras no son capaces de subsanar

 

  • 2/ Las inyecciones de liquidez de los bancos centrales y de nuestros gobiernos hacia el sistema financiero, para que éste pueda garantizar el crédito a las PYMES y a las Familias, no están funcionando.
 
Digamos, por decirlo de alguna manera, que los mecanismos automáticos de que disponemos, no están resolviendo la cuestión de fondo. De nuevo Bruno Vanryb en otro artículo publicado en la revista Challenges sobre el tema que nos ocupa resulta extraordinariamente descriptivo:
(Tratándose de un tema muy similar, he decidido no traducirlo).
 « Si on veut éviter que la vitalité créatrice, indispensable pour générer les emplois de demain, ne vienne se briser sur le mur de la crise, il est urgent de rouvrir pour de bon les robinets du crédit afin que les entrepreneurs puissent trouver leurs financements, et ce quel que soit l'état d'avancement de leur projet et la taille de leur entreprise !
A ce titre, la politique actuelle qui se concentre pour l'essentiel sur le financement des banques et des constructeurs automobiles pourrait se révéler une erreur historique, mais une erreur qu'il est encore temps de corriger...
Il est malheureusement bien illusoire de penser pouvoir sortir de cette crise du financement des entreprises en contrôlant la façon dont les banques vont octroyer les crédits, et il encore plus naïf de penser (comme cela semble être le cas actuellement) qu'en donnant encore plus d'argent aux banquiers on pourra leur mettre encore plus de pression.
Il existe pourtant une solution simple et peu coûteuse pour les finances publiques : la mise en place d’un fonds de garantie par l'état des prêts aux entreprises, à l’image de ce que fait déjà Oseo pour les petites entreprises innovantes, mais sur une échelle beaucoup plus large...
Il ne s'agit pas d'injecter encore de l'argent dans le système ou de subventionner les entreprises à fonds perdus, c'est très cher et cela ne marche pas. Le but est juste d'octroyer une garantie publique subsidiaire sur les crédits pour que les banques puissent recommencer à prêter largement sans assumer de risques excessifs. ». Bruno Vanryb
Del análisis de este artículo, se puede deducir una cosa, aparentemente hay o había dinero, pero los mecanismos de transfer no son los buenos. Por ejemplo, podríamos preguntarnos:
=>¿Es útil que el Estado garantice los créditos que los bancos ofrezcan a las empresas, si dichos bancos restringirán, a pesar de todas las garantías del Estado, los citados créditos, ya que para ofrecerlos tendrían que romper el límite impuesto por el comité Cooke en 1988, e incrementado y ponderado en Basilea III, que se aproxima actualmente al 10% de los activos sobre el conjunto de préstamos?, sobre todo si tenemos en cuenta que esta ruptura con la norma de Basilea dejaría a los bancos que sobrepasen el límite autorizado de préstamos en la ilegalidad, y dicha ilegalidad anularía las garantías del Fondo de Garantía Interbancaria y las pólizas de reaseguro.
=>¿Por qué, de repente, los bancos no alcanzan a respetar ese coeficiente, establecido por el Comité Cooke en 1988 (en Basilea) y refrendado por la Directiva de acompañamiento de la 2° Directiva de coordinación bancaria de 15 de diciembre de 1989 (D. 646/89 y 647/89 de la U.E.), llamada de Liquidez, Solvencia y Fondos Propios, retomada por los acuerdos de Basilea II & III?
El problema principal se encuentra en la definición descriptiva de Fondos Propios, cuyo importe debe ser igual o superior al 8% (ratio Cooke) del conjunto de compromisos del banco (prestamos, créditos, etc.,), pero en cuya composición se encuentran fondos de inversión o paquetes participativos de diferentes complejos patrimoniales, creados en diferentes lugares del mundo, así como, el peso del dólar en la composición de esos "fondos".
Todos sabemos el efecto de contaminación creado por las llamadas “Subprime”, y toda buena entidad se esfuerza por eliminar estos paquetes de sus fondos propios, creándose así una fuerte dificultad para asegurar el 8%, a lo que se añade el sesgo creado por las ponderaciones atribuidas a ciertas operaciones que inducen a cambiar el modus operandi de los bancos segmentando sectores y operaciones financiables a nivel global, sin tener en cuenta las particularidades y necesidades de cada mercado, por lo que se ven obligados a reducir sus ofertas de crédito y ello genera una importante falta de liquidez en el mercado que afecta tanto al consumo como a la oferta de crédito hipotecario, a la toma de participaciones industriales, es decir, a la inversión en activos productivos y al descuento de efectos comerciales.
Además, el modo de funcionamiento del ratio Cooke, fue modificado por los acuerdos de Basilea 2 (Bâle 2) y Basilea III, que condicionan el ratio al riesgo clientes, es decir, que cuantas más incertidumbres presente el mercado, más debe subir el ratio Cooke, obligando a los bancos a aplicar una prima o suplemento de riesgo en cada operación de crédito, encareciendo el ya enrarecido dinero, y haciendo la situación actual, aún más difícil.
Además, para ser más explícitos, la aplicación generalizada de Basilea II & III al riesgo país, está haciendo cada vez más costosa la emisión de Deuda Pública de los países en dificultad (véase el caso de Grecia y el de Chipre, que pudiera ser el de España más tarde si no hacemos nada ahora).
 
Esta situación, desde nuestro punto de vista, es absurda.
 
En primer lugar, por que hoy en día, los que determinan el riesgo cliente, o el riesgo país, son Agencias de notación supuestamente independientes, lo que en realidad, como ya hemos visito, es imposible. Además los criterios o procesos que conducen a sus certificaciones o notaciones son opacos u obscuros, por lo que les falta legitimidad para condicionar el sobre coste de una emisión de deuda. Este es uno de los primeros puntos que debieran ser tratados en el próximo G20, cuyas decisiones se trasladarán después a la U.E., en la cual, si España no hubiese abandonado las prerrogativas de voto que otorgaba el Tratado de Niza (minoría de bloqueo), podría negociar con fuerza una solución favorable a sus intereses y no ser solo un receptor pasivo de las decisiones tomadas por sus otros colegas europeos.
En segundo lugar, el hecho de que Basilea II & III incremente las primas de riesgo por créditos otorgados a empresas que no presentan la notación AA+  o similar, que suelen ser o las nuevas o las innovadoras o las que están en proceso de expansión o simplemente las que sufren una mala coyuntura financiera, es una forma de penalizar el crecimiento, la innovación o simplemente la supervivencia de los que luchan por mantenerse y crecer, es decir, es una manera de penalizar el empleo, pues el dinero que va para pagar el incremento de intereses, no permitirá beneficiar al factor trabajo.
Dicho de otra manera, si la oferta de servicios del Estado, que cada uno paga con sus impuestos (IRPF por ejemplo), estuviese sometida a una evaluación del riesgo cliente, es decir a la situación más o menos difícil de los contribuyentes, poniendo  en duda el pago del IRPF; entonces, según el principio de Basilea, a cada contribuyente (cliente de los servicios del Estado) sobre el que pese la duda de que pueda o no pagar su IRPF [yendo al extremo de esta hipótesis, en cada acto de la vida civil tendría que presentar su correspondiente certificado de solvencia potencial futura emitido por una supuesta agencia de notación independiente], podrá aplicársele una sobre tasa a prorrata de su nota, en cada servicio social del Estado, por ejemplo, una sobre prima en la escuela de sus hijos, una sobreprima al comprar las medicinas o al comprar gafas o al ir al médico, etc.
Estamos obligados a reflexionar sobre lo que Basilea II / III significa y sobre sus efectos a corto y medio plazo. Se trata de otro tema de discusión importante en el G20.
 
* ¿Qué se puede hacer o dicho de otra manera, cómo podemos introducir nuestra demanda de análisis apoyada por una conclusión de acciones o de propuestas posibles?
 
La solución, al menos desde el punto de vista del que escribe, podemos encontrarla en nuestra historia reciente. Echemos un vistazo a los años 1992 y 1993, en el marco de la Unión Europea:
 
La crisis de 1992 y 1993 :
 
En 1992, cumplía el plazo de transposición de las Directivas de coordinación Bancaria y de Fondos Propios, Liquidez y Solvencia. También entraba en vigor el Libre Movimiento de Capitales, se acabaría de refrendar el Tratado de Maastrich y, a partir del 31 de diciembre, con el advenimiento del mercado interior, entraríamos en la segunda fase de creación de una moneda única:  el Euro.
En aquel momento el Sistema Monetario Europeo (SME) estaba funcionando bien. Desde su  creación, en 1979, había permitido incrementar el volumen de intercambios intracomunitarios del 59% al 70%, al reducir significativamente los costes de las primas contra el riesgo de cambio. Además, gracias a su sistema de márgenes de variabilidad reducidos a +/- 2,25% de las monedas del SME entre ellas y respecto al ECU, y gracias también a un sistema de estabilizadores automáticos contra las variaciones de los tipos de cambio, que se desencadenaban a partir del momento en que el Umbral de Divergencia era alcanzado (2/3 del margen autorizado), los Bancos Centrales estaban obligados a intervenir con préstamos ilimitados a muy corto plazo.
Estos estabilizadores automáticos, cuyos ejecutores eran los Bancos Centrales, se basaban en un sistema de créditos a muy corto plazo, sin límite cuantitativo, que, en caso de caída de una moneda, en beneficio de otra, obligaban al Estado Miembro beneficiario a vender su propia divisa y comprar las cantidades necesarias de la que se estaba depreciando (Solidaridad intracomunitaria), para recuperar el equilibrio de cambio del sistema (SME), garantizándose así la estabilidad y continuidad de los intercambios y, por lo tanto, del consumo.
Ahora bien, este funcionamiento idílico fue roto cuando algunos Fondos de Inversión, como el de SOROS, aprovechando la recién estrenada LMC (Libertad de Movimientos de Capitales), concentró todos su esfuerzos en atacar a las monedas del SME más débiles, por ejemplo, deshaciéndose de divisas “Francos”, en cantidades inconmensurables para que su cotización cayese, y recomprándolas inmediatamente, en su momento más bajo, esperando que los Bancos Centrales de monedas fuertes, lanzasen sus obligatorias campañas (estabilizadores automáticos) de compra de dichas monedas, reduciendo el valor de las propias e incrementando de nuevo el valor de las atacadas.
Cuando esto sucedía, los Fondos de Inversión, esperaban hasta que las divisas como el Franco volviesen a estar en su punto álgido, y volvían a venderlas a cambio de divisas como el marco (en ese momento un poco más bajas), realizando así pingües plusvalías. Cuanto más intervenían los Bancos Centrales inyectando liquidez en moneda atacada, más se beneficiaba a los fondos de inversión especulativos y más se ponía en entredicho al SME, basado en la estabilidad de los tipos de cambio de las monedas.
Esta situación se alargó hasta finales de julio de 1993, período negro que no solo produjo devaluaciones continuas que alcanzaron cerca del 30% de pérdidas de valor, sino que además produjo una importante pérdida de confianza, redujo los intercambios y el consumo, redujo la liquidez del sistema y generó, por primera vez desde hacía 15 años, crecimientos negativos del PIB    (-1% en España en 1993 y – 1% en Francia en el mismo período), con un fuerte incremento del Paro y una importante reducción del crédito.
 
* ¿Ante qué nos encontrábamos?, ante elmismo problema de hoy en día:
 
  • 1/ Ante una importante ausencia de liquidez y de crédito que las entidades financieras no eran capaces de subsanar

 

  • 2/ Ante la ineficacia de las inyecciones de liquidez de los bancos centrales y de nuestros gobiernos hacia el sistema financiero, para que éste pudiera garantizar la estabilidad de los tipos de cambio y por lo tanto los intercambios, es decir, el crédito a las PYMES y a las Familias.
 
Situación agravada con las emisiones de Deuda emitidas por los Estados a las que estaban obligados a responder los  bancos, a falta de un BCE que pueda operar como la Reserva Federal (FED), lo que suponía una restricción mayor de liquidez y de crédito.
Digamos, por decirlo de alguna manera, que los mecanismos automáticos de que disponíamos, no estaban resolviendo la cuestión de fondo, situación casi idéntica a la que vivimos hoy.
Por ello, el 31 de julio de 1993, se reunió el ECOFIN y en dicha reunión, unánimemente y a condición de comprometerse todos en la siguiente fase de creación de una moneda única, dándose un margen de 5 años para alcanzar los 4 puntos de convergencia de las políticas monetarias y fiscales, se decidió derogar provisionalmente el margen de variación de las monedas entre ellas, que hasta el momento había garantizado la estabilidad monetaria y que estaba establecido en 2,25%, pasando a un margen de 15%, de tal manera  que por muy importantes que fuesen los ataques de los Fondos de Inversión especulativos, ninguno tendría masa monetaria suficiente como para mover los tipos de cambio hasta 2/3 del 15% (Umbral de Divergencia), generándose de esta manera una estabilidad monetaria y financiera que prácticamente ha durado hasta ahora.
 
3.- La solución:
 
* ¿Cuáles son las conclusiones que podemos sacar de la resolución de la crisis de 1993, pensando en el problema presente?
* Teniendo en cuenta la imposibilidad de las instituciones financieras de prestar 1 € cuando ello implica no respetar el mínimo de 8% ó más de fondos  propios sobre compromisos (Bâle 2 & 3).
* Teniendo en cuenta que esta limitación restringe aún más profundamente el crédito  interbancario.
* Teniendo en cuenta que tanto las inyecciones de liquidez en el sistema bancario como las garantías sobre préstamos ofrecidas por los respectivos Estados sin un cambio previo del marco jurídico, no dan ningún resultado positivo a medio plazo, en el sentido de una estabilización del mercado del dinero, pero si vacían las arcas del Tesoro, y que éste, para compensar, va a emitir más Deuda Pública, que teniendo en cuenta la aplicación de Basilea, y las malas notas de las Agencias de Notación, incrementarán el coste de las emisiones, al aumentarse las primas de riesgo, reduciendo así e inexorablemente el disponible de préstamos bancarios para las PYMES.
 
En una primera fase, solo nos queda una solución, evidentemente parcial y que por supuesto deberá ser acompañada por un acuerdo internacional consensuado, concerniendo aspectos deontológicos, de procedimiento, de garantías y de solidaridad. Esta solución o primera fase de solución es:
 
I ] DEROGACION PROVISIONAL (O DEFINITIVA) DEL RATIO COOKE  Y DE LOS ACUERDOS DE BASILEA, ES DECIR, FACILITAR QUE LOS BANCOS PUEDAN SEGUIR PRESTANDO A LAS PYMES Y A LAS FAMILIAS SIN CAER EN LA ILEGALIDAD, Y CONSEGUIR QUE LOS GOBIERNOS DEJEN DE TIRAR LOS FONDOS DE TODOS A UN POZO SIN FONDO, LIMITANDOSE A GARANTIZAR LOS CREDITOS DE MANERA SUBSIDIARIA CON UN FONDO DE GARANTIA GENERICO, POR UN IMPORTE SUFICIENTE PARA SATISFACER LAS NECESIDADES DE FINANCIACION DE LA ECONOMIA (Este sería otro de los temas a tratar en el G20)
 
Los anuncios que en estos momentos están lanzando la prensa económica y los bancos de inversión norteamericanos contra la solvencia de la banca española, como es el caso de JP. Morgan y Agencias de notación como Standard & Poors o Moody’s, dejarían de tener efecto, o en todo caso, tendrían mucho menos impacto, si el BCE tuviera la delegación de poder de los Estados miembros para aplicar esta medida.
Ahora bien, desde un punto de vista jurídico, y sobre todo teniendo en consideración, el Derecho de la Unión Europea, ¿podría el conjunto de Estados miembros actuar de esta manera? 
Es decir, sabemos, por la experiencia reciente, que no hacer nada y abandonarnos a la acción mecánica de los estabilizadores automáticos, está generando un bloqueo completo del mercado de crédito, también sabemos que la aportación de dinero al sistema crediticio, sin cambiar la estructura jurídica de sus obligaciones (Basilea II & III), no resuelve dicho problema, debiéramos pues, plantearnos la modificación de la estructura legal de las relaciones entre las instituciones financieras, los Estados y el propio mercado, lo que generará probablemente enormes dudas sobre el resultado, pero también abrirá un espacio de esperanza, la esperanza de encontrar de nuevo un mercado de crédito que funcione. El objetivo último consiste, por supuesto, en salvar al conjunto de las PYMES sanas, lo que salvaguardaría una parte importante del empleo, o dicho de otra manera, mantendría un nivel adecuado de consumo, siempre y cuando no se incrementen los impuestos (en este punto, la reciente decisión de incrementar el IVA, amenaza cualquier otra resolución jurídica, tendente a mejorar el entorno financiero), lo que facilitaría el crecimiento del PIB y el necesario equilibrio de las cuentas del Estado para que los diversos actores internacionales sigan confiando en la empresa “Francia”, “Italia” o "España" y evitemos comentarios negativos sobre nuestra solvencia (como los que estamos observando cada día en los foros internacionales y en las Agencias de notación), que también afectan a nuestra capacidad de negociación financiera y fuerza de presión política.
En respuesta a los pertinentes comentarios de un amigo sobre la presente hipótesis, yo diría que lo esencial es la transparencia en los activos que constituyen los fondos propios que sirven de garantía al crédito bancario, pues solo ella (la transparencia) puede permitir la atribución de ponderaciones y/o de coeficientes de calidad y de mayor o menor riesgo a un activo, dependiendo de  su posible y probable conversión en liquidez a más o menos corto plazo. Desde esta óptica los ratios oficiales (Basilea) serían orientativos y las autoridades de mercado ejercerían su autoridad prudencial, estableciendo los procedimientos “standard” de análisis de riesgo, emitiendo recomendaciones de acción cuando una entidad entra en zona de riesgo y reprimiendo comportamientos desviados, en última instancia o subsidiariamente. De esta manera, y en el marco de lo dicho, cada entidad bancaria, en su propio mercado y respecto a su cartera de clientes, definiría sus propios límites crediticios, con excepción de la Deuda de los Estados Miembros, cuyo control y financiación debiera ser atribuida al BCE, bajo el principio explicado  en otro artículo de “hasta 60%” y “más allá de 60%”, lo que, por la variedad de situaciones existentes en un mercado como el europeo, eliminaría la scasez de créditos y acabaría con la tiranía de las Agencias de Notación, limitando al mismo tiempo el impacto de los ataques de los especuladores internacionales.
Dicho esto, mi conclusión es que una legislación extremadamente coercitiva en lo que concierne a los cánones de calidad y de seguridad, pero con una gran opacidad en lo que se refiere a los medios de control, como ocurre en el momento presente con los Fondos Propios de las entidades financieras, es difícilmente justificable desde el punto de vista de la seguridad financiera, pues la desconfianza sobre el verdadero contenido de dichos fondos propios, produce el efecto de bloquear o cerrar el crédito interbancario, y esta situación abre la puerta al riesgo sistémico de quiebras en el propio sistema financiero o a la “oligopolización” restrictiva, vía adquisiciones y fusiones, generándose un riesgo suplementario para el consumidor (véase el movimiento de bancarización y de concentración de Cajas de Ahorros que se ha producido en España, y los problemas que está causando). Además, mantener esta situación, por inacción, es decir, por falta de acción de las autoridades públicas en lo que se refiere la no modificación estructural de las relaciones jurídicas de las entidades crediticias, pero si al hecho de aportarles ingentes cantidades de dinero que no se ve repercutido en el crédito a las PYMES, puede ser considerado como una medida desproporcionada en relación al objetivo buscado, ya que el coste social que representa el endeudamiento creciente de los Estados, que riegan abundantemente de euros a las entidades financieras, sin que éstas puedan relanzar una política de créditos, no guarda ninguna proporción con el objetivo buscado (el coste es infinitamente superior al beneficio). Resumiendo lo dicho, mantener las cosas en el estado actual, sin tener en cuenta otras posibilidades, como la que señalamos en este capítulo, podría parecer ilegítimo.
En tales circunstancias conviene recordar 3 principios comunitarios que deben respetarse cuando se quiere introducir una nueva norma o mantener una en vigor que debido a la transformación de su entorno, se vuelve no solo ineficaz, sino que además, no modificarla supondría incalculables pérdidas de difícil cuantificación :
1/ El Objetivo de la nueva norma o de no cambiar una antigua ineficaz debe ser legítimo
2/ La medida debe ser proporcional al objetivo buscado – Los efectos producidos por la acción o la inacción, deben guardar la debida proporción con el objetivo deseado y legítimo
3/ La puesta en funcionamiento de dicha normativa o la ausencia de acción normativa, debe justificarse.
A la vista de estos tres principios comunitarios, en vigor, los países de la U.E. y de la OCDE, debieran analizar los efectos de la proposición aquí lanzada, con vistas a la próxima reunión del G20. Los efectos de no hacer nada, ya los estamos viendo.
 

Extractos del libro "Francia, un modelo para Europa y una revolución permanente", publicado por EAE Ediciones y distribuido por MOREBOOKS y AMAZON. Autor :José Francisco Rodríguez Queiruga 

http://www.amazon.com/Francia-modelo-Europa-revoluci%C3%B3n-permanente/dp/3659036153

 

 
José Francisco Rodríguez Queiruga